PLENA DE MADRE

Como dice Bert Hellinger “si tienes a tu madre bien integrada en ti, brillarás”. Y este cuento nos habla de esta reconciliación con nuestra madre que todos deberíamos de vivir. En la mayoría de casos el reencuentro es más fácil, pero en esta historia la ruptura con la madre se dio en una situación extrema.
Dedicado a todas las mamás e hijas/os.

madre e hija - Gioia AlbanoCUENTOS BREVES

La hija creció. Y creció fuerte. Pasó la infancia. La adolescencia. Y llegaron las primeras experiencias de amor. Y llegaron los estudios. Los viajes, las amistades, los novios, pasaron muchos veranos y la vida se desarrolló con armonía. Y la hija creció tanto y tanto que un día se casó. El papá la llevó al altar. Allí estaban también sus hermanos y toda la familia. Pero faltaba alguien. Alguien que faltaba hacía tiempo. La mamá había fallecido hacía muchos años. Y la hija, que era la pequeña de tres hermanos, poco recordaba. El papá había cubierto ese espacio y, con coraje y amor, había hecho una doble labor. Había hecho de papá y había revivido una parte de la mamá a través de él. Y los hijos habían crecido sanos, protegidos y amados. Se sentían vinculados. Y la vida que es grande siguió su cauce y la hija pronto quedó embarazada. Y vino una niña a colmarla de felicidad. Y vinieron todos a celebrarlo. Y faltaba alguien. Pero la hija ahora era mamá y tenía una responsabilidad. Y la hija y su esposo, con coraje y amor, cuidaron de esta pequeña. Y de nuevo, la vida que es grande hizo que la hija quedara otra vez embarazada. Y llegó un niño, que vino a colmarla de felicidad. Y vinieron todos a celebrarlo. Y faltaba alguien. Pero la hija ahora era mamá por segunda vez. Y tenía doble responsabilidad. Y se sentía dichosa y agradecida por haber sido bendecida con dos retoños. Y la hija y su esposo, con coraje y amor, se dispusieron a cuidar del nuevo bienvenido y de la hermanita. Y los dos pequeños empezaron a crecer. Y crecían fuertes. Y la hija ensayaba a ser mamá. Y entre pañal y pañal, entre juego y juego, cena y cena, la hija intentaba recordar a su madre que siempre faltó. Y buscó fotos de ella para tenerla más adentro, para vivirla más. Y preguntó a la familia. Pero no encontró mucho… La hija tenía tan sólo cinco años cuando aquello sucedió. ¡No lo había podido digerir! ¡No pasó por el dolor! El dolor no cabía en su cuerpecito. Y la emoción había quedado congelada como agua en hielo. Y la hija que ahora era mamá ansiaba con vehemencia una visión, un fugaz recuerdo de la madre. Y el destino escuchó su pedido. Y una noche, en un sueño, la encontró. Fue un sueño lúcido y plácido. La madre estaba frente a ella y la miraba con ternura como solo una madre mira a su hija. La hija no tenía palabras. No podía moverse. Después de tantos años, allí estaba su mamá. Y de repente, se escuchó un aullido que venía de la niña de cinco años, un grito dulce y desesperado que decía: “Mamá, mamá ¿Por qué te fuiste? ¿Por qué?” Y la mamá habló: “Sentí en el alma marcharme tan pronto. Siempre he estado contigo. Y siempre me tendrás en tu corazón.” Ambas habían estado esperando ese momento por largo tiempo. Un breve reencuentro. Un último abrazo. Un suspiro de amor. Y la hija tomó a la madre y se sintió plena de ella. Plena de madre.

Todos los pensamientos en el siguiente enlace: PENSAMIENTOS DEL SER.

2 comentarios sobre “PLENA DE MADRE

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