ALEJANDRO JODOROWSKY en La Vanguardia 2001

En el 2001 Alejandro Jodorowsky concedía su primera entrevista (de un total de tres) a La Contra de La Vanguardia, diez años atrás de la última que publiqué. Tal y como explica en La Danza de la Realidad, Alejandro habla de su propia vida y desvela los orígenes de la Psicogenealogía y la Psicomagia.

“SI EL ARTE NO CURA, NO ES ARTE”

LA CONTRA LA VANGUARDIA   – 25/10/2001 – Víctor M. Amela

ARTISTA Y PSICOMAGO : ALEJANDRO JODOROWSKY

 

Tengo 72 años. Nací en Tocopilla (Chile) y vivo en París. Soy artista polivalente: baile, cine, teatro, poesía, cómic, novela… He tenido varias mujeres, cinco hijos (uno murió) y seis nietos. Soy de extremo centro. Creo en eso impensable que llaman Dios: está en mí. Llevo siempre conmigo las cartas del tarot. Practico la psicomagia.

 
 
 

IMAGINACIÓN

“En vez de desarrollar mi intelecto, opté por desarrollar mi imaginación”, explica Jodorowsky. Ese cultivo intensivo le ha llevado a dominar el lenguaje artístico –ha sido creador en todos los ámbitos: música, cómic, cine, teatro, novela…-, el lenguaje metafórico y simbólico –tarot incluido- y el lenguaje del inconsciente: con este saber, el artista ha dado en terapeuta. Una artística terapia que él llama así: psicomagia. La historia de este proceso –del arte a la terapia pasando por el autoconocimiento- lo narra en “La danza de la realidad” (Siruela), un libro maravilloso sobre una vida mágica por la que cruzan poetas, surrealistas (Breton), pánicos (cofundó el Teatro Pánico, con Arrabal y Topor), artistas (¡Chevalier!), chamanes (Castaneda)

¿Cuál es el motor de su vida?

La curiosidad. Saber quién soy, sin límites. ¿Qué es esto que soy? ¡Quiero saberlo!

¿Qué hace para averiguarlo?

Expandir los límites de la conciencia todo lo posible. Todo empezó porque mi padre, ateo, me dijo – yo sólo tenía 4 años- que un día moriría, me pudriría y todo acabaría ahí: “¡Después no hay nada!”

¿Qué le pareció esa perspectiva?

Esa idea me aterrorizó, me sentí mal en ella, me enfermó: por eso mi vida ha sido una búsqueda de una “aspirina metafísica”.

Su papá le marcó la vida pues…

Mi padre admiraba a Stalin. Quería hacer de mí un niño duro. Me llamaba “cobarde” si lloraba. Una vez me sometió a una prueba: iba pegándome bofetadas y yo tenía que pedirle que fuesen cada vez más fuertes, por ver hasta donde era yo capaz de resistir.

¿Y hasta dónde resistió usted?

Yo, sediento de amor, para hacerme merecedor de su cariño, resistí y resistí… hasta que escupí medio diente premolar. Mi padre me abrazó, admirado. Y me llevó al dentista.

¡Sólo faltaría!

Pero allí me susurró al oído: “Dile que te cure sin anestesia. ¡Domina el dolor!” Resistí sin una lágrima y, cuando mi padre iba ya a abrazarme… ¡catástrofe!: me desmayé. Me condujo a casa sin siquiera darme la mano.

No lo pasó usted bien de niño.

Con el tiempo comprendí: mi padre y mi madre habían sido niños faltos del cariño de sus padres. Inconscientemente, ellos estaban haciendo lo mismo conmigo.

¿Esos traumas se heredan y transmiten?

Sí: de generación en generación…, hasta que un descendiente se hace consciente de todo ello y sana esas neurosis. He bautizado esto como psicogenealogía: usted es fruto psicológico de las actitudes psicológicas de sus padres, de sus abuelos… ¡Esfuércese en hacerse consciente de ellas para subsanarlas! Si lo hace, no sólo se sana usted: sana todo su árbol, y habrá tajado esa cadena de sufrimiento.

Habla usted más como un psicoanalista que como un artista…

Yo empecé como titiritero, mimo y bailarín en Chile, y luego como coreógrafo, actor y dramaturgo en París, y como actor y director de cine (“Fando y Lis”, “Santa Sangre”, “El topo”), y guionista de cómics para Moebius, y… hasta que un día dudé del arte.

¿Por qué?

Murió mi hijo Teo, y en el dolor me pregunté qué sentido tenía lo que yo hacía: ¿ensalzar mi ego? ¿Ser bufón de poderosos? ¿Ganar dinero? ¿Entretener conciencias dormidas? “¿Para que sirve lo que digo y hago? ¿Para qué sirve el arte?” me pregunté.

¿Y a qué conclusión llegó?

A esta: la finalidad del arte es sanar. ¡Si el arte no sana, no es arte! Y me propuse transformar el arte en terapia.

Oiga: ya nos cura la ciencia, la razón…

¿Sí? No siempre. A menudo nos imponen identidades desviadas de nuestra verdadera esencia. Nos aferramos a esa falsa identidad, y eso acaba generando enfermedades.

¿Y las cura con arte?

Sí: con una especie de actos teatrales, de representaciones. Lo llamo así: psicomagia.

¿Psicomagia?

Un ejemplo: un chico se me quejó de “vivir siempre en las nubes” de no lograr “poder poner los pies en la realidad” en pos de su autonomía financiera. Le dije: “Pega dos monedas de oro en la suela de tus zapatos y camina así”. Pues bien: eso le hizo cambiar.

No entiendo cómo funciona eso…

Es fácil: ¡nuestro inconsciente acepta símbolos y metáforas como si fueran hechos reales! Para tu inconsciente, actuar sobre una fotografía o sobre una prenda de vestir es como actuar sobre la persona real.

Suena a brujería, a magia, a…

Así funciona nuestro inconsciente: si la familia nos dice “si no estudias fracasarás en la vida” “eres esto o lo otro”, ¡nuestro inconsciente tiende a cumplir esa predicción!

Deme algún otro ejemplo

Hay casos de frigidez femenina derivados de una fijación sexual con el padre. Les recomiendo que un día pongan a su pareja una camiseta con la cara del padre estampada y hagan así el amor: realizando ya ese incesto -¡metafóricamente-, su frigidez sanará.

¡Parece un acto surrealista!

Justamente: aunque la razón no lo entienda, el inconsciente sí “entiende” ese lenguaje de los sueños, surrealista, de símbolos, metafórico. ¡Por eso me apasiona el tarot!

¿Consulta usted las cartas del tarot?

Las llevo siempre en el bolsillo, sí. Es un lenguaje óptico, y para mí, que soy artista, es un instrumento, como para un ingeniero puede serlo una regla de cálculo. Igual.

Un lenguaje… Pero ¿cómo funciona?

Es que… todo habla. Si tienes el corazón abierto, todo te habla. Pruebe, pruebe: abra un libro y lea una frase al azar. Yo, a veces, en el coche, conecto la radio, escucho una frase y vuelvo a apagarla: esa frase encierra un sentido, una clave, una ayuda. ¡Todo habla!

Suena a la vez poético y terapéutico…

Eso es. Todo habla, todo danza. La realidad danza: todo es un milagro a tu alrededor. Si sabes captarlo, verás que vivimos en una realidad donde abundan los prodigios.

Pero también muchas desgracias.

Si cargas con rencores y rabias, si hay en ti un juez que todo lo critica, no ves la belleza de la realidad. Pero si tu actitud es de gratitud hacia todo, ¡descubrirás esos milagros!

Gracias. Y, oiga, ¿ya sabe usted quién es?

Superé falsas identidades y sé quién no soy, sé que Dios está en mí y en ti, sé que entregarse a los otros es perder el miedo a la muerte y sé que mi cuerpo no es mi límite.

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